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Gestionar contenidos no se simplemente refreírlos (ni "curarlos").

 

 

En una entrada anterior os explicábamos cual es, en nuestra opinión, la estrategia ganadora en el marketing de contenidos y la comunicación digital: convertirse en referentes para los usuarios de Internet, normalmente en un área determinada, de manera que ganemos relevancia y alcance, además de reputación, gracias al valor añadido que podamos ofrecer con nuestros contenidos. Sin embargo, y esto es algo que no todo el mundo entiende en un primer momento, esto requiere una estrategia de contenidos bien planificada.

En otro momento hablaremos de cómo organizarla a nivel de SEO, y cómo gestionarla en lo que a monitorización de la comunicación digital se refiere. Ahora nos gustaría hablar de cómo gestionar los contenidos. Para cualquier que haya intentado realizar una estrategia de contenidos a medio/largo plazo, la mayor dificultad reside en la perseverancia. Lo más difícil es lograr una producción de contenidos de calidad sostenida en el tiempo, y con la periocidad suficiente (normalmente, con mínimo dos o tres publicaciones por semana, aunque desde luego puede ser mucho más).

Se requiere en este caso dotarse de un calendario de contenidos, pero también de una estrategia para gestionarlos, dentro de nuestro plan de comunicación digital. En este punto, es fundamental la figura del gestor de contenidos, que no es otro que el content curator, una figura muy de moda últimamente. Y no, ¡en castellano no se dice curador de contenidos (que sepamos, estos no pueden ser heridos)! Este gestor de contenidos es el encargado de alimentar el calendario con aportaciones variadas, que contribuirán a crear el contenido de calidad que buscamos. Explicándolo de otra manera, el gestor de contenidos se encarga de buscar las fuentes para nuestras publicaciones digitales, seleccionarlas y darles un sentido, para después compartirlas a través de los medios digitales pertinentes.

Gestionar profesionalmente los contenidos.

Esta es una tarea que los periodistas, archiveros, historiadores, y otros profesionales de los contenidos escritos conocen bien. No es posible escribir sobre lo que sabemos eternamente. De hecho, si sólo hacemos esto el recorrido de nuestro calendario de publicaciones será muy corto. Necesitamos nuevos temas, y para escribir sobre ellos hay que informarse en fuentes fiables, que nos permitirán ilustrarnos y trabajar cada artículo con la profundidad (y calidad) que se requiere para la comunicación digital de éxito hoy en día.

Esta forma de escribir y documentarse, que los profesionales que hemos mencionado conocen bien, no es un refrito. En este caso, lo único que hacemos es coger un texto y darle la vuelta, expresando lo mismo con otras palabras, pero sin aportar nada nuevo. Es una vulgar copia, que nada aporta, y que sin embargo se está convirtiendo en algo común en el ecosistema digital, producto de la falta de recursos o de tiempo de los responsables de comunicación digital (la mayor parte de las veces), o de su mala praxis. Pero escribir una pieza de contenido documentada es otra cosa. Requiere tiempo y esfuerzo, y es sin duda una aportación mucho más valiosa para el usuario. Y este lo reconoce la mayor parte de las veces.

En esta forma de producir contenidos, debemos además respetar una serie de reglas para gestionar las fuentes con las que trabajamos, que son ya un estándar práctico y ético en el mundo periodístico o académico. Estas son, explicadas brevemente:

1.       Siempre citar las fuentes. En Internet podemos hacerlo de dos maneras, bien en la manera tradicional empleada en papel, o bien mediante el hipervínculo, en el caso de fuentes online (como hacemos por ejemplo en este artículo).

2.       Destacar las fuentes, siguiendo las reglas al uso para hacerlo, tipográficas y gramaticales.

3.       Usar variedad de fuentes, y aprender a citarlas, resumirlas, comentarlas y  extractarlas adecuadamente.

Además de estas reglas de citación, es evidente que nuestros artículos deben ser nuestra propia reinterpretación del tema a partir de las fuentes, con un estilo cuidado y una actitud proactiva. En definitiva, lo que se trata es de ofrecer a nuestros lectores lo mejor, detallando nuestras fuentes de información, y ofreciendo una visión nueva del tema en cuestión, que les aporte algo más de lo ya conocido (y que deberemos citar). Algo que no es sencillo. Pero que es fundamental si queremos conseguir una comunicación digital de calidad.