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Tercer día viaje a Finlandia, visita planta biomasa

 

Me desperté y vi un cielo de un azul fuerte y brillante que me dio energía y bienestar – siendo de donde soy, sé lo mucho que influye el tiempo en el estado de ánimo, cosa difícil de entender si nunca lo has vivido. Pero es así. Los días grises te hacen sentir gris.
 
Un buen desayuno y a la calle para explorar la ciudad de Helsinki. Josep Ramón hizo de guía y visitamos una iglesia curiosa excavada en una cantera. Moderna, bella, sin utilizar ninguna imagen figurativa ya que 95% de los finlandeses son luteranos, una religión protestante de origen alemán y terriblemente parca. No obstante, la belleza de la roca tallada, la utilización de un espacio redondo, los colores, el anfiteatro y la forma de cubrir el edificio con una cúpula de cobre unida a la roca por vigas de hormigón armado de diferentes tamaños, que además dejan entrar una luz natural brillante, produce un conjunto espectacular y curioso. Me impresionó una parte de la roca que “llora”, fruto del goteo de agua, y la pila de bautismo que es una escultura de tres piedras cubiertas por un plato ondulado de cuarzo.
 
Al salir andamos y andamos admirando la arquitectura y cómo era de agradable el ambiente de la ciudad, sin edificios altos, con calles anchas, mucha nieve y cielo azul. Todos estábamos de muy buen humor.
 
Después decidimos ir al puerto y cogimos un tranvía de los de antes – como experiencia curiosa – hace muchos años que ya no hay en España! El puerto ofrecía un aspecto muy divertido cubierto de nieve y con todos los barcos atrapados. Nos acercamos al muelle y no faltó la pregunta sobre qué anchura de hielo habría por debajo de la nieve. ¿Podemos saltar por allí y andar…..? Yo tenía claro que no iba a ser yo la que iría detrás del cuerpo helado desaparecido de nadie!! Y además, como no había otro ser humano andando por allí, la cosa estaba bastante clara! El espectáculo nos tuvo cautivos, una maravilla de la naturaleza.
 
A lado del puerto había un mercado – diferente, con tiendas dentro. Me paré en las de pescado y acabé comprando un salmón fresco maridado con sal y azúcar y ‘anet’ (hierba típica para el pescado) que me prepararon in situ al vacío y que me llevé a España para comérmelo al día siguiente – buenísimo!!!
 
Otros compraron embutido de reno - yo personalmente me quedo con el embutido de cerdo tan bueno que se hace en Vic!!
 
Finalmente fuimos a comer a un restaurante bastante típico finlandés – más reno….de hecho casi todos los platos eran de reno!! Y ya, al aeropuerto para la vuelta.
 
Para compensar el viaje de ida tan dantesco, tuvimos viento de cola y en vez de un vuelo de 4 horas fue de 3 horas 20 minutos, o sea, llegamos a España con 40 minutos de antelación. Nos habíamos quitado las botas, guantes, pieles y lo demás, y lo más curioso de todo fue sentarnos en el autobús para ir a la Terminal y sentir el viento helado en la cara!! Recuerdos del viaje, supongo, ya que al día siguiente amaneció un día muy mediterráneo, sol y calorcito!