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Mensajes

 
 
 
 
Todos vivimos pendientes de la emisión de mensajes. En nuestra vida cotidiana nos bombardean con mensajes que emiten los gobiernos, los políticos, las instituciones, los verdes, los rojos, los azules, los hombres, las mujeres y cualquier empresa que nos quiera vender su producto.
 
Recibimos continuamente mensajes en el teléfono de personas que nos quieren vender algo, de los amigos que también quieren algo, a través de los mails, de información digital, de los blogs, de los medios on y off-line, etc. etc. etc. Vivimos en un mundo inundado por los mensajes con o sin interés para el receptor – es decir, nosotros.
 
¿Tenemos tiempo para algo más que pasarnos todo el tiempo recibiendo y emitiendo mensajes? ¿Somos capaces de ‘ingerir’ tanta información? ¿Alguien en alguna parte nos enseña cómo interpretar todo esto o lo aprendemos a través de nuestras propias experiencias? ¿Sabemos ser selectivos? ¿Dónde guardamos toda esta información?
 
El cuerpo humano es una maravilla y nos dicen que sólo utilizamos una pequeña parte de nuestro cerebro….
 
Y aquí la gran pregunta. ¿Debemos ser capaces de interpretar correctamente cualquier mensaje que nos llegue y ponerlo en su casilla apropiada o, sino, debe ser responsabilidad del emisor del mensaje ponerse en nuestra piel y saber de antemano si el mensaje nos será útil o no?
 
En el mundo de la comunicación demasiadas veces sólo emitimos los mensajes que nos interesan, sin tener en cuenta a) cómo se recibe este mensaje, b) cómo se interpreta este mensaje, c) si es útil para la persona que lo recibe y, sobre todo, d) si lo quieren o lo necesitan.
 
Creo que hablo de la responsabilidad de la raza humana, que, en estos momentos, está cambiando de forma extrema, unos cambios que nos ha tocado vivir. Hemos pasado por alto la tremenda responsabilidad que comporta comunicar mensajes a los demás, aún sabiendo lo que es la publicidad, la propaganda y la demagogia. Y pienso que esta misma responsabilidad debe ser del emisor, no del receptor de los mensajes.
 
Por ejemplo, sin ir más lejos, ¿deben las casas comerciales de lujo anunciar sus productos a todo el mundo en público, unos mensajes que caen – sin ser el objetivo – en casas donde toda una familia está en el paro y casi no pueden comer? ¿Qué efecto tiene sobre estas personas? y, lo que es más ¿le importa a alguien? Probablemente no. Y es que somos tantos y hemos hecho el mundo tan complicado que ya no sabemos ni nos importa el efecto que tengan nuestros mensajes sobre los demás ya que los enviamos pensando en nosotros y no en el receptor.
 
Pienso que, para los que trabajamos en el mundo de la comunicación (que cada día somos más ya que esto se ha convertido en una cosa incluso del mismo individuo), tenemos la firme responsabilidad de pensar más en el receptor de nuestros mensajes y no tanto en lo que nosotros queremos decir.